Media un trecho entre promover el consumo y hacer una propuesta editorial. Los editores Libro Amarillo, de El Palacio de Hierro, no parecen capaces de recorrerlo.
Xavier Velasco.
miércoles, agosto 06, 2008
La imágenes
Las imágenes posteriores a la Operación Jaque muestran que entre las armas poderosas sobresale la cámara de video, capaz de adormecer los egos más alertas.
Xavier Velasco.
Xavier Velasco.
Cualquiera
Cualquiera sabe lo que es un blog, aunque ninguno sepa cómo hacerlo y todos al final terminemos haciéndolo, en el lugar del diario que nunca osamos escribir.
Xavier Velasco.
Xavier Velasco.
miércoles, febrero 06, 2008
viernes, septiembre 14, 2007
jueves, agosto 23, 2007
martes, junio 19, 2007
SFT AUDIO
S.F.T. AUDIO LES HACE UNA CORDIAL INVITACION PARA CONOCER DE CERCA LOS SERVICIOS INTEGRALES EN AUDIO E ILUMINACION.
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ESPERANDO Y LE SEAN DE ALGUNA UTILIDAD NUESTROS SERVICIOS Y ESPERANDO UNA PRONTA RESPUESTA.
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sábado, marzo 03, 2007
martes, enero 16, 2007
Belleza y fealdad.
"Si todos los que no son bellos madrugaran, sería mejor para los ojos de la gente."
El sueño afea a los feos:"Si fuera de noche, no habría nada que agregar; entonces la gente no puede vislumbrar su cara, y además todos se encuentran recostados, por lo que no se necesita permanecer con el temor de que lo consideren a uno feo mientras lo ven dormir..." Sei Shonagon es sensible al efecto de fealdad que produce sobre un rostro el abandono de la conciencia de sí mismo. Entre las las "cosas desoladoras", en su Libro de la almohada cita la escena siguiente: "Una pareja de ancianos que tiene varios hijos adultos, y que también tiene nietos que gatean por la casa, está tomando la siesta. Los niños que los ven en ese estado se sienten agobiados por un sentimiento triste, y lo mismo ocurre a las otras personas." Si duermen, son aún más viejos, más feos, hasta para la mirada de un niño.
A pesar de la distancia en tiempo y espacio del Libro de la almohada, que se remonta a la corte japonesa del siglo XI, y a pesar de los contrasentidos que esta lejanía nos impone, conservamos la información estética que enuncia: el efecto del sueño sobre el rostro. Sin la protección de la conciencia vigilante, las formas del rostro dejan de defenderse contra ellas mismas, contra su fealdad eventual y su edad. El sueño vuelve inobservables a los feos. El sueño del niño, en cambio - o de una bella durmiendo en el bosque, o de un magnifico y agotado héroe -, es una máscara de belleza. ¡El rostro de los bellos que duermen! Los paréntesis convexos de los párpados cerrados, los pómulos en suspensión bajo una lluvia de caireles, la imprecisión perfecta de las sonrisas que vendrán, aún prisioneras en un soplo casi inaudible, en vaho...
El sueño vuelve sagrada la superficie de un rostro bello: hace de él un espacio preciado y terrible, demasiado matinal: "Un primer enunciado absolutamente matinal de los rostros y de las líneas nunca es posible."
¿Qué son la Belleza y la Fealdad de la figura humana, del rostro humano, a pesar de los enunciados imposibles de las primeras o últimas horas?¿Cúal es la especificidad de este espectáculo si se compara con un cielo estrellado, o con la superficie de un mármol raro?¿Incluso si se coloca frente a las obras de arte: un lienzo pintado o una rampa de escalera?
La fealdad se forma entre lo que queda del mármol cuando la propia conciencia, o la empatía de una mirada amorosa, han abandonado la forma humana. Los residuos de materia orgánica parecen más reales que la superficie animada de las formas al despertar. Este despertar embellece lo feo; pero esta primera belleza es ya más provisoria, más adornada, más arriesgada que el lodo abandonado de la materia orgánica pura. La belleza se encuentra en la superficie del cuerpo despierto, mezclada a esta irrealidad espejeante que, entre la mirada que la hace ser y la intención de la presentada, da forma a la figura humana.
Texto: Véronique Nahoum-Grappe.
El sueño afea a los feos:"Si fuera de noche, no habría nada que agregar; entonces la gente no puede vislumbrar su cara, y además todos se encuentran recostados, por lo que no se necesita permanecer con el temor de que lo consideren a uno feo mientras lo ven dormir..." Sei Shonagon es sensible al efecto de fealdad que produce sobre un rostro el abandono de la conciencia de sí mismo. Entre las las "cosas desoladoras", en su Libro de la almohada cita la escena siguiente: "Una pareja de ancianos que tiene varios hijos adultos, y que también tiene nietos que gatean por la casa, está tomando la siesta. Los niños que los ven en ese estado se sienten agobiados por un sentimiento triste, y lo mismo ocurre a las otras personas." Si duermen, son aún más viejos, más feos, hasta para la mirada de un niño.
A pesar de la distancia en tiempo y espacio del Libro de la almohada, que se remonta a la corte japonesa del siglo XI, y a pesar de los contrasentidos que esta lejanía nos impone, conservamos la información estética que enuncia: el efecto del sueño sobre el rostro. Sin la protección de la conciencia vigilante, las formas del rostro dejan de defenderse contra ellas mismas, contra su fealdad eventual y su edad. El sueño vuelve inobservables a los feos. El sueño del niño, en cambio - o de una bella durmiendo en el bosque, o de un magnifico y agotado héroe -, es una máscara de belleza. ¡El rostro de los bellos que duermen! Los paréntesis convexos de los párpados cerrados, los pómulos en suspensión bajo una lluvia de caireles, la imprecisión perfecta de las sonrisas que vendrán, aún prisioneras en un soplo casi inaudible, en vaho...
El sueño vuelve sagrada la superficie de un rostro bello: hace de él un espacio preciado y terrible, demasiado matinal: "Un primer enunciado absolutamente matinal de los rostros y de las líneas nunca es posible."
¿Qué son la Belleza y la Fealdad de la figura humana, del rostro humano, a pesar de los enunciados imposibles de las primeras o últimas horas?¿Cúal es la especificidad de este espectáculo si se compara con un cielo estrellado, o con la superficie de un mármol raro?¿Incluso si se coloca frente a las obras de arte: un lienzo pintado o una rampa de escalera?
La fealdad se forma entre lo que queda del mármol cuando la propia conciencia, o la empatía de una mirada amorosa, han abandonado la forma humana. Los residuos de materia orgánica parecen más reales que la superficie animada de las formas al despertar. Este despertar embellece lo feo; pero esta primera belleza es ya más provisoria, más adornada, más arriesgada que el lodo abandonado de la materia orgánica pura. La belleza se encuentra en la superficie del cuerpo despierto, mezclada a esta irrealidad espejeante que, entre la mirada que la hace ser y la intención de la presentada, da forma a la figura humana.
Texto: Véronique Nahoum-Grappe.
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